EL VINCULO AFECTIVO ENTRE LA MADRE
Y EL HIJO
por Guadalupe Trueba, LCCE, FACCE, CD (DONA)
"Durante los primeros seis meses de vida, el bebé tiene
los rudimentos de un lenguaje
de amor. Es el lenguaje del abrazo, de la mirada, de la sonrisa, de las comunicaciones
de placer y molestia. Este es el vocabulario amoroso antes de que se pueda hablar
de amor.
Dieciocho años más tarde, cuando se enamora por vez primera, cortejará
a su pareja
a través del lenguaje de los ojos, de la sonrisa, de la expresión
de su amor y el goce
del abrazo. En estas declaraciones de amor usará frases como "Cuando
por primera vez
nos abrazamos" y, naturalmente, creerá que recién ha inventado
esta canción de amor.
América Mues.
El lenguaje rudimentario del amor en el bebé es innato. Está
ahí, programado, pero debe ser despertado por su madre. Las manifestaciones
de amor que la madre tiene para con su bebé deben ser iniciadas lo antes
posible, desde el momento mismo en que nace.
Las necesidades físicas y las emocionales están íntimamente
ligadas y el bebé se guía por el patrón del placer. La
necesidad del bebé de recibir atención amorosa por parte de sus
padres tiene un origen biológico. A tal punto biológico que si
se atienden solamente sus necesidades físicas, aún de manera impecable,
el bebé puede llegar a morir. Pero es biológico también,
porque la mera supervivencia no hace a nadie un ser humano completo. El lactante
necesita la estimulación del amor a través de los sentidos: tacto,
vista, oído, (y esto sólo se puede lograr si lo amamantamos y
al hacerlo le hablamos, si al dormirlo le cantamos, si al cambiarlo nos acercamos
a él a una distancia en la que pueda distinguirnos bien para sonreírle,
si al bañarlo lo acariciamos y le damos masajito, si reímos y
jugamos con él).
"Después del nacimiento la madre y el niño son todavía
una unidad psicológica y una estrecha
relación entre ellos es tan importante para el desarrollo, como lo fue
la más primitiva conexión con
el feto; pero nuestra cultura ha perjudicado insidiosamente la naturaleza instintiva
de la mujer y la
ha cegado frente a uno de los derechos más naturales: el de enseñar
a amar, amándolo a su vez,
durante el período de su infancia desvalida. La madre debe tener la certeza
de que su cariño es
biológicamente necesario para el desarrollo del bebé."
Margaret Ribble.
Tres circunstancias afectan básicamente la manera como se inicie la
relación afectivamente la madre con su bebé y que comienza mucho
antes del nacimiento:
1° Durante el embarazo.- Aún antes de conocerlo, la embarazada se
imagina y fantasea con el hijo por nacer. El nacimiento obliga a la madre a
comparar entre el bebé real que ha nacido y el de sus sueños,
fantasías y expectativas. Si la realidad y las expectativas son congruentes,
el apego o vínculo afectivo se inicia muy pronto después del nacimiento.
Si en cambio, realidad y expectativas son diferentes, la madre primero tiene
que resolver la pérdida de sus fantasías y expectativas.
2° Durante el parto.- La manera como se desarrolla el evento del nacimiento
y la experiencia gratificante o no de esta experiencia para la mujer, puede
interferir en el proceso del apego o vínculo materno-infantil. La sensación
por parte de la mujer de haber tenido control sobre los acontecimientos durante
el nacimiento, permite que inmediatamente después de que nace el hijo,
entre verdaderamente en un estado de éxtasis y esto ayuda a la nueva
madre a sentir confianza en su capacidad de crianza para con el hijo y la relación
afectiva se inicia con mayor facilidad. Si en cambio, el evento del nacimiento
no cubre sus expectativas y lo vive como un proceso violento y dramático
en el que ella es un mero objeto del cuidado médico-hospitalario, en
el que adicionalmente se le separa del hijo sin permitir un contacto temprano
y prolongado, el apego se inicia tardíamente.
3° Durante el postparto.- Los investigadores Klaus y Kennel han demostrado
que inmediatamente después de nacido, el bebé tiene un período
muy sensible de alerta que dura aproximadamente una hora y que permite iniciar
el vínculo afectivo temprano con su madre. Si se cuenta con una madre
alerta y despierta a la que se le permite sostener a su bebé en los brazos
para darle la bienvenida, acariciarlo y manifestarle su amor, se aprovecha este
período de sensibilidad inicial para el establecimiento de este fundamental
requisito en la relación madre-hijo: el apego. Este período sensible
puede verse como el período de consolidación de la conducta maternal.
Después de este período, el vínculo puede aún integrarse,
pero es más difícil y no cuenta con los mecanismos naturales de
la especie para ayudar a dicho proceso.
Observando la conducta de los recién nacidos durante este período
sensible (la primera hora después de nacer), fue posible demostrar que
el niño puede ver, tiene preferencias visuales y que voltea la cara a
la palabra hablada (las voces de sus padres); además se observó
que todas las madres se comportan de la misma forma: primero tocan las extremidades
de su bebito con la yema de los dedos, posteriormente acarician su espalda con
toda la mano y luego proceden al abrazo total. El contacto visual es muy intenso;
la madre mira al bebé y éste le regresa la mirada. La madre automáticamente
cambia el tono de su voz y el número de palabras que emite cada vez que
se dirige a su bebé; por su parte, el bebé responde más
a una voz aguda que grave. Esta comunicación entre la madre y su hijo
no es solamente sonora sino que incluye también movimiento: así
el bebé se mueve en sincronía con las palabras de su madre en
una especie de danza. El bebé no responde de igual manera a otros sonidos
distintos al lenguaje.
Esta interacción entre la madre y el hijo inmediatamente después
del nacimiento no es solo satisfactoria para ambos, sino que también
es fisiológicamente necesaria. El estímulo que representa la boquita
del bebé en el pezón de la madre (cuando se le amamanta en sala
de expulsión), hace que el útero se contraiga, facilitando la
salida de la placenta y ayudando al útero a su involución. Es
decir, que la naturaleza es muy económica y aprovecha una sola función
para cumplir múltiples objetivos.
Fomentar el inicio del vínculo materno-infantil inmediatamente después
del nacimiento, ayuda a una apertura hacia la conducta maternal que se organiza
durante la experiencia del parto y se consolida por la presencia del bebé.
Los investigadores han descubierto que la visión del recién nacido
desencadena el mismo repertorio de comportamientos afectivos en el padre que
en la madre: también el padre hace ruiditos, contempla a su hijo y le
habla y sonríe con naturalidad. Si se le da oportunidad, el hombre puede
ser tan "maternal" como la mujer, protector, generoso, estimulante,
receptivo a las necesidades de su hijo y cuidadoso.
Nos ha llevado demasiado tiempo y muchos choques culturales comprender estos
hechos simples de la vida y ello se debe en gran medida a que las frases hechas
y los malentendidos sobre los padres están muy arraigados en nuestra
cultura.
Como quiera que sea, la confianza en sí mismo y la imagen de sí
mismo del niño, serán resultado de todos los mensajes que recibe
de sus padres. Si esto ocurre a través de las caricias y abrazos de su
madre, del juego físico del padre, o viceversa, no importa en realidad:
lo importante es que en conjunto recibe de sus padres los estímulos que
lo llevan a ser él mismo.
Mi objetivo al haber elaborado este artículo es que los futuros padres
aprovechen el movimiento actual en el que se propone que el bebé al nacer,
pueda permanecer en la sala de expulsión recibiendo las manifestaciones
de amor de sus padres y se mantenga a su lado en lo que se conoce como alojamiento
conjunto durante su estancia en el hospital. Mi consejo es buscar anticipadamente
al pediatra que recibirá al bebé y que los apoye para lograr las
metas que ustedes tengan contempladas, como el amamantar a su hijo en la sala
de expulsión, que permanezca con ustedes durante su estancia en el hospital
y que fomente la lactancia exclusiva al seno materno.
GUADALUPE TRUEBA, LCCE, FACCE, CD (Dona)
Guadalupe Trueba es educadora perinatal certificada por Lamaze International,
Miembro del Consejo de Educación de Lamaze International, Doula certificada
por DONA, Coordinadora de la Especialidad en Educación Perinatal de la
Universidad Anáhuac en la Ciudad de México y ha dedicado más
de 25 años de su vida profesional en la salud integral de las mujeres
y sus familias.